Colegiales: portador de una historia increíble
En enero cumplió 71 años. Los fundadores. Sus origénes. La compra del terreno. Los cambios y el progreso.
Cuando la ciudad de Villa Mercedes estaba en sus comienzos, sus habitante iban y venían buscado la manera de matar sus horas de ocio y practicar deportes, espacio había suficiente, lo que faltaba en algunos barrios era la organización y la definición de lo que querían hacer.
Dentro de esas actividades se destacaba una, por sobre el resto; el fútbol, la incipiente ciudad también comenzaba a mostrar a jóvenes valores en un juego asociado que había llegado al país de la manos de los ingleses que en gran numero llegaban al puerto y se “conchababan” –mayoritariamente- en empresas originarias del Reino Unido, fundamentalmente en el trazado de líneas férreas donde en el futuro pasaría el ferrocarril.
Villa Mercedes no era la excepción, el mostro mecánico que llegaba a destino bufando como un buey, tapado con un humo blanco que salía de sus entrañas que hacia más fantagorica su figura, que traía cientos de trabajadores que con el tiempo se fueron afincando a la vera de la estación. El progreso estaba llegando y la c ciudad lentamente comenzaba a cambiar su fisonomía.
Corría el último año de la década el ’30, cuando un grupo de amigos decidió armar una institución deportiva. Los mas maduros dicen que el club Atlético Colegiales nació en una “juntada” de alumnos de un colegio cercano a lo que hoy esa inmensa figura que se agiganta cuando uno esta en ella.
Otros dicen que los fundadores del club, era un grupo de amigos habitué de un inmenso potrero de las inmediaciones y que ansiosos de trabajar unidos, se reunieron en una casa de la calle 9 de Julio (entre Juan B. Justo y Vicente Dupuy), la casa en cuestión había sido prestada para la ocasión, a Félix Luís Ramos por el buen comportamiento, el conocimiento de algunos vecinos y las ganas mas que nada, hicieron posible que los hermanos Poggio, el propio Ramos, “El Pititorra” González, , “El Caballero” Limonta, que fue el primer presidente y que además era un gran dibujante profesional y otros amigos mas. Fueran, entro otros, quienes marcaran el terreno en lo que en la brevedad sería la fundación de un nuevo club, el año se terminaba y no había tiempo para mas, pero cuando pasaron las tradicionales fiestas de fin de año, aquellos jóvenes amigos volvieron a dar rienda suelta a sus impulsos y el club quedo plasmado en los papeles, fue el 29 de enero de 1940.
Los amigos habían dado el puntapié inicial, ahora había que salir en busca de sumar amigos y socios y ponerle el nombre a la flamante institución.
Ese fue el motivo de un largo debate entre los amigos y privó el nombre de Colegiales en honor a un colegio ubicado en las cercanías, según se desprende de los datos aportados para esta ocasión.
Han pasado 71 años y hoy el Club Atlético Colegiales se encuentra en la misma situación que casi todos los clubes del interior el país y algunos capitalinos, solo unos pocos socios pagan la cuota social, y su presente no es muy auspicioso, lejos en el tiempo quedaron las jornadas ciclísticas que se llevaban a cabo en la pista asfaltada, los torneos de bochas, las memorables noches bailables con orquestas de otras provincias (prevalecía la presencia de la Jazz Espectáculos Los Cuervos con Oscar Ficco a la cabeza y el excelente tecladista Carlos Granado entre otros), que bajaban de la ciudad de Rió Cuarto, y las tardes inolvidables que ofrecía y ofrece una espectacular pileta de natación, ni hablar del buen fútbol que pregonó en torneos locales y regionales. De hecho su mejor época fue en la década del ’80 cuando en 1986, perdió por penales una final con Almirante Brown, (cayo derrotado por 1 a 0 en el partido de ida y gano de local por el mismo resultado) de haber ganado aquel día, seguramente otro seria el presente de esa ejemplar institución mercedina que supo de años y años de gloria.
Ricardo Pabon, un ex presidente que supo mantenerse en el cargo por muchos años y que hoy ocupa uno menor, es uno de aquellos dirigentes que continua “poniéndole el pecho a las balas” como dicen quienes lo conocen.
Dice que con los años, y con un trabajo mancomunado entre varios socios entre los que se destacaban “El Cieguito” Vizcaíno un canillita que boceaba sus productos en el Correo Central, después quedo ciego por una enfermedad, Ramos, Moro, los Poggio y Juan Laguirre, se gestionó y compro el predio que comprende dos manzanas, 9 de Julio hasta Italia y San Luís hasta Corrientes, la calle Suipacha que cortaba el terreno por la mitad, fue donada por la municipalidad mediante una ordenanza. También se dice que la eliminación del Parque España, facilitó la concreción del sueño largamente esperado.
Se tardaron casi diez años en lograr el primer objetivo pero era el orgullo de sus hacedores. Allí se plantearon ir por más y fueron en busca de cerrar el predio y hacer obras que era otro de los ansiados objetivos.
“Se construyeron dos canchas, una de fútbol reglamentario, una de baby y una de bochas. Al poco tiempo los dirigentes crearon la subcomisión de ciclismo la que con el tiempo construyó una especie de velódromo de unos 100x60 metros el que posteriormente fue pavimentado donde corrían, entre otros, los hermanos Miguel Cerutti, Carlos Balestro, Amado Stemmelin, Eugenio Llambia, José “El Panza ‘e Barro” Torres, Marcelino Córdoba, por nombrar a algunos que de una u otra manera pasaron y corrieron en el velódromo de Colegiales, primera pista de piso duro”. Dicen a coro Pabon y “El Bocha” Sáenz que aporta sus conocimientos.
Dicen que en la década del ‘50 logran pavimentar el circuito que causaba furor entre los amantes del ciclismo, y que en el se corrieron importantes pruebas locales provinciales y cuyanas. “Nos favoreció que se eliminó el famoso Parque España, (sobre calle España, 25 de Mayo Río Bamba y Potosí allí se construyó el barrio militar) que era el lugar donde e practicaba ese deporte, todos se volcaron al velódromo de Colegiales “.
No tardó mucho tiempo en que se construyera una pileta de natación que tiene una profundidad de unos tres metros por unos 80 metros de largo y 10 metros de ancho, una obra que demando un gran esfuerzo empresarial y dirigencial sin contar la importancia que adquirió el club de allí en adelante. Pero para permitir su construcción, se sacaron las canchas de bochas que estaban paralelas a calle Corrientes y se volvieron a poner en funcionamiento sobre calle San Luis casi Suipacha, en un salón techado de unos 60x30 metros, el motivo de ese traslado fue que se tenia que hacer una pista de baile al aire libre.
El club había comenzado a crecer a buen ritmo, la masa societaria iba en aumento se llegó a tener entre 800 a 900 socios activos hasta la década del ’80, después hubo un desapego a la vida social y deportiva generalizada lo que llevó a que el club hiciera un retroceso considerable.
Lo que don Ricardo Pabon no dice o no quiere decir por su humildad para con su club, es que el y Félix Luís Ramos tenían una empresa constructora (eran socios) y ese emprendimiento los llevó a que buena parte de sus vidas las volcaran en obras para el club. Un hecho sin precedente en la historia de Colegiales. (Continuará).
Fuente: El Diario de la República
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